domingo, 19 de septiembre de 2010

The Eighties Fan

Hace unas cuantas luces, salí de la regadera medio envuelta en una toalla granadina y con el cabello destilando agua fría, sin ninguna novedad. Me tendí en el angosto suelo del baño, sin molestarme siquiera en secarme las gotas heladas que quedaban encima, porque necesitaba pensar. Tirarme a divagar por varios minutos en el baño es una costumbre que tengo desde niña.

Pensé muchas cosas. Me gusta recordar tiempos de niña, momentos que no tengo muy claros, momentos de los que no puedo recordar muy bien colores, olores ni objetos. Pero recordé muy bien las campanadas de la iglesia que había justo enfrente del departamento de mi abuelita (¡dichoso sueño de viejecita hecho realidad, con una iglesia al doblar la cuadra!). Recordé cómo nos sentaba con ella en el sillón que daba a la ventana, y nos hacía juegos diversos de canciones y juegos de mano que se les hace a los niños, entre ellas "Pica, pica, pica perico", una de un gusanito y otras varias que no puedo recordar ya. Nos decía que las campanas llamaban a las personas, y se ponía a imitar el ritmo de las campanadas diciendo "ven, ven, ven".
Me gustaba salir al pasillo-balcón y hacer trizitas los cascarones de huevo que mi abuelita le ponía a sus macetas, que porque era nutritivo para las plantas. A veces me daban permiso de ir hasta el primer piso a jugar entre las plantas, pero no me dejaban comer las mini mandarinas de un árbol, que porque eran de "ornato".

Y a mi no me cabía la idea de que una fruta pudiera ser de adorno. Y siempre pedía que me dejaran probarlas, aún después de que pude hacerlo y sabían horriblemente amargas.


Se terminaron los momentos borrosos de campanas solitarias llamando por personas que les hagan compañía, de pericos pellizcones en los brazos, gusanitos que uno debe cuidar, espejos tipo moda de los 80's, sillones pegados a la ventana, la alfombra café, los cascarones dejados por las recién nacidas gladíolas, la mesa helada de metal y vidrio con mantelitos de plástico floridos, las frutitas y letras imán del refrigerador, la falta de dulces (que yo supiera) y que siempre me lamentaba cuando íbamos de visita, los cuartos oscuros que me mataban de miedo por alguna razón.
Así como se terminaron viejos tiempos, los nuevos tiempos también se terminan. Se acabó tu tiempo y no tiene cabida en mis recuerdos de baño. Tal vez también eres una campana triste llamando por amigos, pero no te oigo por el agua cayéndome en la espalda, agua hirviendo.
Tampoco puedo verte, porque, verás, al único que veo es al techo del baño. Y estoy segura que él también me puede ver. A veces se porta bueno conmigo, y me lee el pensamiento en silencio. Otras, le gusta hacerme sufrir así que me tapa el cielo para que no pueda ver ni nubes ni estrellas. Y a mí no me cae ni bien ni mal, porque me caiga como me caiga, tengo que vivir debajo de él de todos modos.


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ULTERIOR MOTIVE~♫


Qué contenta estoy. Ya no hay ningún peligro de recaída por parte mía, no hay miedo. Tal vez no logré todo lo que me proponía pero en esencia, sí lo hice. ¡Estoy feliz!

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